La gran necesidad de amonestarnos unos a otros - Ps. Plinio R. Orozco

No es muy común ver en nuestros días que en la iglesia local los hermanos lleven a cabo el proceso de Mateo 18. La amonestación se ha convertido es un tema del que poco se habla, y si se enseña, poco se aplica. Es lamentable como hemos cerrado la puerta a la amonestación y le hemos abierto la puerta al chisme y a la murmuración.

 

En la congregación en la cual soy pastor por la gracia de Dios siempre animo a los hermanos a amonestarse unos a otros. En el pasado hemos sufrido mucho por no hacerlo, y conozco claramente las consecuencias que la congregación puede arrastrar cuando los hermanos no se amonestan.

 

Muchos cristianos salen de la congregación en donde asistían regularmente, no precisamente por una herejía en dicha congregación, sino que más bien se van debido a que el pastor dijo algo en su sermón que tal vez no les gustó. Otros se van porque consideran que no son tomados en cuenta, otros se alejan porque escucharon que alguien hablo mal de ellos, y algunos se alejan porque les dijeron algo que no les agradó y cuando se les pregunta a estos hermanos si amonestaron a su pastor como la Biblia lo establece, o si llamaron aparte a su hermano para exhortarlo en amor por eso que hizo, la mayoría responde con un rotundo: ¡No!

 

Algunos se cobijan con argumentos injustificables alegando que el pastor tiene un carácter fuerte, que tal vez el hermano a quien deben amonestar no va a reaccionar con humildad, y otros parecerían ser más espirituales al decir: “Yo sólo prefiero orar por el hermano”.

 

Si usted, mi hermano, sabe que su pastor o algún miembro de la iglesia ha hecho algo anti- bíblico, y usted no lo amonesta según la biblia lo establece, usted sólo ha demostrado lo poco que ama a su hermano. Si usted considera que su hermano ha pecado, al no amonestarlo usted también ha pecado. La Biblia nos llama a amonestarnos unos a otros, y eso no es una sugerencia, es un mandato.

 

Mateo 18:15 

 

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

 

Siempre el propósito de la amonestación será restaurar al hermano, aquel hermano que es parte del cuerpo de Cristo, que fue librado de sus pecados al igual que yo, quien forma parte de mi familia en la fe. El momento de la amonestación es uno de los momentos donde más debemos manifestar el amor que mora en nosotros.

 

Es fácil amar cuando las cosas van bien en la Iglesia, es fácil amar cuando estoy en buena relación con mi hermano, pero es en los contextos negativos en la iglesia donde se probará realmente nuestro amor por nuestros hermanos.

 

Romanos 15:14 


Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.

 

El apóstol Pablo, según este texto de Romanos, está plenamente seguro de que todos los hermanos están capacitados para amonestarse los unos a los otros. No era una responsabilidad única del apóstol;  en nuestros días, debemos recordar que la amonestación no es una responsabilidad única de los pastores.

 

Aun los que parecen más maduros en la iglesia, al momento de ejercer amonestación en la iglesia, se convierten en los más inmaduros y cobardes. 


Levítico 19:16 

 

No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.


No existe ninguna congregación sin problemas, sin diferencias, sin percances, todas las congregaciones están compuestas por pecadores y, por ello, es inevitable que los problemas surjan. La pregunta es: ¿Cómo estamos tratando las diferencias en la congregación? ¿De manera bíblica o como los incrédulos? Al Incrédulo le encanta huir en lugar de enfrentar los problemas, al incrédulo le encanta el chisme y la murmuración; al incrédulo le encanta difamar a los demás, y es por ello que es tan triste ver a las iglesias de Cristo siguiendo este patrón.


Mis hermanos, la solución no es huir ante los problemas presentados en la congregación, es enfrentarlos en amor haciendo uso de la amonestación. Es algo que debemos ejercitar, es algo en lo que la iglesia debe crecer, no es una sugerencia, es un mandato.


Muchos cristianos van de congregación en congregación, y cuando en una son ofendidos corren a la otra, y eso es muy lamentable, ya que nunca podrán decir que siguieron los pasos que la Biblia establece al momento de amonestarnos en amor. Sólo podrán decir que fueron cobardes al huir de un lugar a otro. Ese no es el camino que Cristo estableció, ese no fue el ejemplo que el Apóstol Pablo nos dio.


Tito 3:10

 

Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo.


Romanos 16:17

 

Más os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos…

 

1 Timoteo 5:19

 

Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos.


1 Timoteo 5:20

 

A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman…

 

1 Timoteo 1:20

 

de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.


La mayoría de las veces olvidamos que tan clara es la Biblia en cuanto al tema de la amonestación. Olvidamos que las diferencias no dejarán de existir, olvidamos también que siempre el diablo querrá dividir a la iglesia de Cristo.


Mis amados hermanos, una de las maneras de demostrar que amamos a nuestros hermanos es amonestándolos. Es la acción de un pecador dirigiéndose a otro pecador, es un acto donde buscamos la restauración de nuestros hermanos; huir sin enfrentar nuestros problemas es solo un acto de cobardía.


¿Has amonestado a tus hermanos tal cual la Biblia lo establece? ¿Te has acercado a tu hermano con amor?

 

Hebreos 12:6 

 

Porque el Señor al que ama, disciplina,  Y azota a todo el que recibe por hijo.


La disciplina siempre será una manifestación de amor, debemos amonestarnos unos a otros, el amor bíblico es un amor sacrificial. Yo daré todo para restaurar a mis hermanos, haré todo lo posible para aclarar cualquier situación, y lo perdonaré sin importar que me haya hecho, porque Cristo me perdona a pesar de la multitud de mis pecados.

 

No dejemos que el chisme y la murmuración salgan de nuestra boca, ni tampoco dejemos que nuestros oídos se alimenten de él.

 

Una de las maneras de amarnos unos a otros es amonestándonos. Amados míos, no salgamos corriendo de la iglesia, corramos más bien con palabras de amor a corregir a nuestros hermanos en la fe.

 

 1 Juan 3:18


Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.